lunes, 28 de noviembre de 2016

MISMAS ORILLAS DE UN MISMO LAGO




LA VÍA DEL RETORNO AL INTERIOR

Ha pasado largo tiempo, desde que escribí por última vez en este espacio, dedicado a mi visión de la práctica y vivencia como  budista zen. Concretamente el último artículo data de finales del 2013, y justo ahora estamos a las puertas del nuevo año 2017.
Un periodo de tiempo en el que mi vida ha dado tantos giros, que podría marearme, tan solo probando de dar explicación a uno sólo de ellos. Pero es así la vida, donde siempre a nuestro favor, nos permite la posibilidad de experimentar, vivir y aprender de lo vivido, ya sea ello algo que nos provoque júbilo o quizás incluso tras nuestro paso a través de una experiencia traumática.
En mi caso, pocos meses después de escribir dicho último artículo, experimenté el golpe más duro que he recibido en mi vida, una experiencia que sacudió los cimientos de mi fe en todas las cosas y la propulsó lejos de mí, como si todo aquello en lo que había creído hasta entonces, hubiera perdido su razonamiento o razón de ser.
Hacía tan solo unos meses que me había ordenado, después de dos largos años cosiendo mi Rakusu y preparándome para dar un paso más en mi compromiso con la práctica del Zen. Pero ni tan solo eso pudo salvarme de lo que me esperaba un tiempo después cuando de pronto la persona que había compartido a mi lado catorce años de vida, decidió alejarse de mí y con ello un gran dolor se fundió con mi alma y me alejó de todo lo que había tenido a mi lado hasta entonces.
Tras ese duro golpe y no antes fue cuando realmente pude poner en práctica todo lo que había aprendido hasta entonces dentro del Budismo Soto Zen, poco a poco me sumergí en un periodo de soledad casi absoluta y necesité evadirme de todo lo que hasta entonces venía haciendo en mi vida, así que incluso dejé de asistir al dojo donde meditaba unas cuatro veces por semana, y mi práctica se volvió más efímera y unipersonal, dejando atrás las rigideces y ataduras que me habían acompañado hasta entonces, para abrir así un nuevo entender de todo lo aprendido, donde no importaba el cómo, si no la mera necesidad de mirar hacia mi interior utilizando las herramientas que me habían sido enseñadas durante todos aquellos retiros de fin de semana, seminarios, meditaciones diarias con mi shanga y en definitiva, conmigo mismo como espejo de lo que la vida en realidad representaba...
Así transcurrieron los meses y algunos años hasta el día de hoy, donde poco a poco he ido poniendo en práctica todas las lecciones aprendidas y forjando una nueva perspectiva de la meditación y todas esas herramientas que nos permiten auto observarnos, con la intención de descubrir el verdadero propósito de nuestra vida, que ya os adelanto, siempre pasa por el filtro de la sencillez, y la fluidez que solo la vivencia del momento presente puede otorgarnos, siendo el resto sin duda alguna un mero espectáculo de fuegos artificiales, donde creemos ser los protagonistas de algo, que en realidad no se da tal y como lo observamos.

MISMAS ORILLAS DE UN MISMO LAGO

Pero quizás lo más importante que he aprendido durante estos dos años y medio alejado de todo lo que con anterioridad me rodeaba, es que las cosas son mucho más sencillas de como en ocasiones nos las planteamos o nos las pintan. Así que viendo como a día de hoy nacen cientos de nuevas herramientas para aprender a meditar y escuelas que prometen esto y aquello, os diré sin dudarlo y perdonadme si sueno arrogante, que en realidad todas ellas son orillas de un mismo lago, y que lo único que necesitáis para trabajaros y conoceros es sin duda coger la costumbre a diario de salvar unos segundos, para respirar profundamente, posicionar vuestra espalda erguida y dejar que el silencio se convierta en vuestro refugio y la soledad en vuestro único credo, dejando pasar vuestros pensamientos mientras los observáis desde un estado de abandono absoluto. 

Poco a poco, con el hábito de esta sencilla práctica, entenderéis que es justo el hacer sin hacer, lo que nos permite sentir el momento presente, así que lejos de lo que os hayan dicho, no necesitaréis vestir ni atuendos blancos, ni kimonos japoneses, tampoco prostraros ante ningún maestro auto proclamado, que tiene aunque quizás él lo desconoce más ego que vosotros mismos. Lo más importante es que aunque es cierto que una postura adecuada puede facilitar nuestra concentración y el trabajo que ejercemos sobre la práctica, esto no debe ser en absoluto un impedimento para adentrarnos en el mundo de la meditación y tampoco en el budismo Zen. Pues cada persona es un mundo en sí y como tal, debe encontrar su centro.
En referencia a este último punto, he de decir que durante muchos años meditaba estrictamente en postura de semi loto y birmana, a pesar de que mis piernas siempre habían sido mi punto débil y durante los retiros de meditación intensiva terminaba con graves problemas en mis rodillas, muy infladas y con derrames de líquido sinovial, que me finalmente dieron como fruto una lesión grave que afecto al ligamento lateral interno de mi rodilla izquierda.
A día de hoy, medito siempre con ayuda de una banqueta de meditación muy baja y portátil que me permite tener una postura muy correcta y con la que no tengo problema alguno para alcanzar un buen nivel de concentración. Por ello os decía que no dejarais que este tipo de cosas os alejaran de la práctica, pues lejos de convencionalismos, la concentración absoluta se consigue desde muchos estados, e incluso sin ser necesario estar sentado con las piernas cruzadas. Esto es algo que he descubierto desde mi faceta como profesor de cocina macrobiótica y alimentación saludable, donde he alcanzado auténticos momentos de concentración simplemente cortando verduras o amansando una masa de pan, e incluso componiendo con mi piano o nadando unos largos en la piscina. Pues repito e insisto, vivir el presente es fluir, nada más que eso. Nada os convertirá en nada, ni ninguna persona a la que sigáis como maestro, vivirá vuestra vida por vosotros. Esta responsabilidad sólo os pertenece a vosotros y solo vosotros podéis llevarla a cabo como propósito de vida, pues el camino aunque brilla más si más luces lo alumbran, es siempre un camino de silencio, introspección y crecimiento  unipersonal...

SEGUIMOS CRUZANDO EL SILENCIO

Como conclusión a todo lo que aquí expongo, sólo pretendo puntualizar que ni mucho menos me posiciono en contra de todo lo que he aprendido hasta entonces, esto sería una gran equivocación. Lo único que intento transmitir es que la vía es muy amplia y requiere ser comprendida como tal. Yo siempre seguiré fiel al compromiso de mi práctica. Amo sus sutras, mi kimono negro, y rakusu que con tanto esmero y dedicación cosí a golpe de alegrías y miles de lágrimas. Pero hoy por hoy creo que lo más importante para mí como compromiso y propósito de vida, es la difusión del conocimiento. El ayudar a muchas personas a conocerse y saber como sacar lo mejor de ellos mismos, tanto a nivel de alimentación como en el terreno más personal o espiritual. Pues el conocimiento es lo único que permanece siempre en nuestro corazón, siendo la llave de muchas de nuestras inquietudes e incluso cuando no tenemos nada y lo hemos perdido todo, es lo único que siempre permanece intacto dentro de nosotros. Por ello os invito a seguir vuestra orilla, pues seguro en algún punto del camino nos encontraremos todos, da igual de donde vengáis, ni a donde os dirijáis, solo disfrutad del itinerario y de  todas aquellas mágicas personas que puedan cruzarse durante vuestro viaje, pues como dije eso es la vida, fluir...

Sergi Hogaku





domingo, 15 de diciembre de 2013

AL FINAL DE UN CAMINO, SIEMPRE HAY OTRO QUE DA COMIENZO


Hoy hace casi dos años que inicié mi camino a través de la vía del zen. Un camino repleto de momentos de todo tipo, periodos de lucha contra mi mismo, ilusiones, tristeza y muchos aprendizajes que ya jamas podrán ser olvidados.
A lo largo de todo este tiempo he pasado por todo tipo de situaciones, siendo alguna de ellas especialmente dura, pero a su vez enriquecedora, aspecto que me ha dado la oportunidad de reflexionar mucho a cerca del sentido de mi vida, y lo más importante, a comprender el verdadero sentido del "aquí y ahora", que no es otro que vivir cada instante que la vida nos regala, como si fuera el último, dedicándolo a todas aquellas personas, pasiones y sueños que de alguna forma ya nos han sido dados por la misma vida.
No hay nada que esperar, nada que desear, nada que necesitemos más que todo aquello que ya nos ha sido dado. Así que lo único que debemos hacer, aunque paradójico es simplemente no hacer nada, sólo fluir y dejarnos llevar, pues todo en nuestra existencia sigue su curso y nosotros sólo debemos dejarnos llevar por él, sin que nos importe hacia donde nos lleva el mismo...
El pasado ocho de diciembre del 2013, durante la conmemoración del despertar de Buda, viví sin duda uno de los momentos más intensos y esperados de mi vida, mi ordenación como Bodhisattva de la mano del maestro Roland Yuno Rech. Un momento que simboliza para mi el final de un camino y comienzo de un nuevo caminar.
Casi dos años me ha costado el prepararme para este momento, un periodo de tiempo en el que han sucedido una infinidad de  cosas en mi vida, haciendo posible, que la persona que hace ya mucho tiempo pidió su ordenación, fuera una persona totalmente diferente a la que el pasado ocho de diciembre se ordenaba, en una hogareña casa en mitad del bosque, junto a sus compañeros de Shanga.

Sin duda he vivido mi ordenación de una forma muy especial que sólo un practicante que se haya encontrado en la misma situación puede comprender. Los meses previos a la misma, terminado la costura de mi rakusu, a la vez que luchaba continuamente contra los deseos de mi ego y los diferentes obstáculos que la vida dejaba poco a poco en mi camino.
Los tres días previos a la ceremonia de ordenación, compartiendo mi felicidad con mis compañeros de shanga, maestros y demás situaciones que hicieron de aquel periodo de tiempo, algo difícil de olvidar.
Y finalmente el recibir mi rakusu de la mano de un gran maestro, un tesoro que no tiene precio para un practicante, puesto que en el mismo, yace inscrita una parte de su vida.
Aunque para mi, lo mejor de este rakusu es sin duda el saber que en realidad, no me pertenece a mi solo, ya que cada vez que lo miro o me lo pongo para meditar, siendo la fuerza y luz, de cada una de las personas que han puesto su grano de arena en que el mismo pueda colgar a día de hoy de mi cuello, ya sea a través de los continuos ánimos que algunos de ellos me daban en los momentos más difíciles, o en  las muchas puntadas que otros de ellos dieron a lo largo y ancho de sus telas, dando forma a lo que hoy representa el corazón y unión de mi compromiso por la practica del zen y la fuerza de la shanga a la que  pertenezco.


Pero como me dijo una monja después de mi ordenación y de su boda mediante el rito zen que tubo lugar el mismo día, " ha sido maravilloso, pero ahora todo sigue...",  acto seguido se sentó frente a mi en postura de zazen e hizo sonar la campana de dharma como inicio de un periodo de meditación.
Y lo cierto es que cada segundo es único e irrepetible, todo y que mentiría si no confesara que mi corazón me dice que no será la última ordenación que recibiré a lo largo de mi vida dentro del zen, así que no puedo más que seguir aprendiendo y dejar que la vida fluya en mi, como fluye el agua a lo largo del cauce de un río salvaje.
Gassho, a todas la personas que me habéis ayudado en este primer tramo del camino, ya sabéis quienes sois y nunca podré olvidar la bondad de vuestros gestos, sonrisas y amistad.

Gassho!


Sergi Hogaku



domingo, 29 de septiembre de 2013

LAS CUATRO VÍAS DEL BODHISATTVA





En ocasiones, algunas personas se preguntan sobre el significado de la ordenación de Bodhisattva y todo lo que ello implica, ya que ciertamente como tantos muchos aspectos relacionados con la práctica del zen, las ordenaciones forman parte de cierto hermetismo. Y no es así por ninguna razón en concreto, si no más bien, porque dentro de la practica nada debería tener demasiada importancia, siendo más bien un fluir de todas las cosas por igual, partiendo siempre de zazen. Esto viene dado porque cuando practicamos zazen ya somos uno con la práctica, así que no tiene demasiado sentido centrarse en muchos aspectos fuera de la misma, si no armonizarse con la postura y mantenernos lejos de nuestros apegos e ilusiones.
Como en alguna otra ocasión he comentado durante la ceremonia de ordenación, el futuro bodhisattva recibe los diez preceptos, toma los cuatro votos del bodhisattva y también toma las cuatro vías del bodhisattva, que más abajo se comentan al detalle.
Con toda sinceridad, a medida que un practicante va entrando con más profundidad en la vía del zen, siente como poco a poco su visión de todas las cosas va cambiando. Todo es igual, pero a su vez ya nada parece ser como antes. Este aspecto, remite a que cada vez que practicamos y nos hacemos íntimos con nosotros mismos, nuestra percepción deja proyectarse sólo hacia el exterior, enfocando toda nuestra atención en nuestro interior, donde todos los fenómenos parten de nuestra naturaleza intrínseca, lejos de las muchas ilusiones fabricadas por nuestra mente ordinaria.

A continuación os dejo con un texto escrito por el maestro Roland Yuno Rech, donde explica a la perfección el sentido y significado de las cuatro vías del bodhosattva.

Sergi G.


Las cuatro vías del bodhisattva

El Maestro Dogen escribió un capítulo del Shobogenzo que se llama: Daisatta Shishobo, “Las cuatro vías del bodhisattva”; para ayudar a los seres humanos. Se trata del fuse, del don; de ai go, las palabras de amor; de ri gyo, las acciones benéficas; y de do ji, no diferenciarse de los otros.


Fuse: El Don

Nuestro cuerpo no nos pertenece. Todo lo que creemos poseer solamente nos ha sido prestado por el orden cósmico para un periodo de tiempo limitado. Podemos sentir, experimentar que recibir y dar es hacer circular la energía, armonizarse con el orden cósmico. No nos convertimos en algo más cuando recibimos ni disminuídos cuando damos. Nosotros mismos no estamos limitados a este cuerpo. Si sentimos que el otro y yo no somos diferentes ni estamos separados, cuando un fuse se da, o bien es recibido, es justo un intercambio. En el total entre nosotros dos nada aumenta ni disminuye. Por ejemplo: si alguien ama completamente a otra persona, se convierte en esta otra persona. Si esta otra persona recibe una gran alegría, él no se pone celoso, al contrario, se alegra como si él mismo lo hubiera recibido, porque se ha hecho idéntico al otro, es lo que se llama do ji. Así, las cuatro acciones del bodhisattvas son completamente interdependientes.

El Maestro Dogen decía: “Solamente por la virtud del fuse, él le llama futon, es decir: sin avidez, sin cálculo, solamente por esta acción, podemos construir un mundo posible”. Todavía es más verdad en nuestra época. Si el espíritu del don y de solidaridad no se desarrolla, seguramente el mundo corre grandes peligros, muchos conflictos aparecerán. Así, para los que practican zazen como nosotros, es importante cultivar el espíritu del fuse, es la primera expresión de nuestra práctica como bodhisattvas.

Dogen dice: “Cada uno posee en su naturaleza propia la capacidad de dar, de hacer fuses espiritual o materialmente en cada momento; nos creemos pobres, tenemos todo el tiempo miedo de perder algo, de tener menos si damos algo”. Practicar zazen permite encontrar nuestra verdadera riqueza, realizar el espíritu que no mide, que no compara, que no crea divisiones ni separaciones. Entonces, el universo entero es mi posesión.

Dogen señala: “Ya que nada nos pertenece, podemos dar. Justamente porque nada nos pertenece en propiedad, podemos separarnos de nuestras posesiones, sin tener menos”. Poco importa si el fuse es importante, grande o pequeño, no es una cuestión de cantidad: lo importante es que sea benéfico para los otros.

Una forma de fuse que es muy importante es dar la propia vida para la práctica de la Vía. Ir a hacer zazen al dojo, practicar con los otros, dar nuestro tiempo, nuestra energía, dar nuestro propio cuerpo para hacer existir ese zazen. Y así, permitir a los otros practicarlo sin esperar una recompensa, sin segundas intenciones, sin cálculo, entonces, este zazen es ilimitado, una acción ilimitada. Si nos entregamos así a la Vía, nuestra vida se completa.

Ai go, palabras de amor
Ai quiere decir amor, y go, palabra. Ai go son las palabras de amor, no las palabras de seducción, quiere decir que no utilizamos palabras brutales, duras, sino que nos preocupamos del bienestar de los que encontramos. Quiere decir, estar atentos a la persona a la que hablamos, como un padre con su hijo. No es utilizar palabras diplomáticas sino expresar el verdadero espíritu. Ai go tiene el poder de reconciliar a los enemigos, de cambiar completamente el estado de espíritu del otro. Cada uno tiene mucho miedo en su mente, ai go, las palabras de amor, apaciguan los temores, dan un sentimiento de seguridad, de ser aceptado tal y como uno es, con simpatía, sin juicio, sin rechazo. Ai go, como el fuse, tiene el poder de cambiar el estado de espíritu de las personas que lo reciben. Como cambiar el estado de espíritu es una cosa muy difícil, ai go, como el fuse, es un medio muy importante para el bodhisattva, para ayudar a los seres a cambiar su espíritu ordinario y hacer aparecer el espíritu de la Vía.


Ri gyo: Las acciones benéficas
Ri gyo quiere decir cuidar de cada persona, sea cual sea su posición. No en relación a uno mismo, no en relación con el propio interés sino para permitir que esta persona se desarrolle en la vía. Ri gyo no se practica solamente con los seres humanos sino con todos los seres. Dogen, por ejemplo, cita la historia del hombre que habiendo visto a los pescadores que habían atrapado una tortuga, compró la tortuga y la liberó. Es ri gyo, cuidar de todos los seres vivos, sentir compasión por ellos sin esperar un mérito especial o una recompensa. Sencillamente no poder hacer otra cosa más que ayudarlos, inconsciente y naturalmente, no decirse: “Hace falta que practique ri gyo.” Sencillamente dejar que el propio espíritu de compasión se manifieste, no reprimirlo, no bloquearlo teniendo miedo de molestarse a uno mismo, de perder algo. El Maestro Dogen decía: “La gente estúpida cree que, si el bienestar de los otros está en primer lugar, el nuestro va a disminuir. En realidad no hay oposición ni separación entre el otro y uno mismo”.


Do ji: no diferenciarse de los otros

Dogen dice: “Como Sakyamuni Buda que nació y vivió toda su vida como ser humano”. Toda su vida ha sido la práctica, la Vía de do ji, es decir: No separarse de los otros sino, al contrario, practicar completamente con los otros sin convertirse en alguien especial. Algunos se hacen monjes o monjas y, a partir de ahí, desarrollan un cierto orgullo espiritual. Piensan que se han convertido en gentes especiales, por encima de los otros. Si pensamos así, eso es una ilusión; llegar a ser bodhisattva, monje o monja quiere decir profundizar cada día en lo que nos une con los otros, en lo que no nos diferencia de los otros.

Lo que crea las diferencias entre los seres es el karma, las acciones que sigue nuestro ego. Ser bodhisattva, monje o monja es enraizar la propia vida en la práctica de zazen que nos pone en contacto con lo que no es diferente de las otras existencias; no solamente de las otras existencias humanas sino tampoco de los animales, de las plantas, de los árboles, de las montañas, de los ríos, de las estrellas. Es realizar la dimensión cósmica en nuestra existencia. De esta forma nuestro espíritu se hace vasto. Hacerse monje es estar completamente solo, zambullirse en la soledad, es decir, en el hecho de que no podemos poseer nada; pero si lo aceptamos desde el fondo de nuestro cuerpo y nuestra mente, nuestra vida se abre a lo universal, a la dimensión más allá de nuestro pequeño ego.

El lugar en que esta práctica de do ji se realiza mejor es en el dojo. En el dojo, seamos monje, monja, bodhisattva o sencillamente laico, sin ordenación, cumplimos exactamente las mismas reglas, la misma postura, la misma práctica; todos practicamos gassho, zazen. sampai, de la misma manera. La misma respiración, el mismo espíritu que no permanece en nada, el mismo espíritu que es shuke, sin morada. Nuestro verdadero espíritu es el espíritu de monje, el espíritu de monja. El vasto espíritu como el cielo que lo acepta todo, que incluye todo sin rechazar nada: el sol, la lluvia, las nubes, a veces la tormenta, el día y la noche.

El Maestro Kanshi dijo: “El mar acepta el agua sin límite, así crea vastos océanos. Las montañas aceptan la tierra sin límite, así forman altas cordilleras. Igualmente, un soberano que tiene sabiduría comprende el espíritu de cada uno de sus súbditos, no crea discriminaciones y rechazo entre los seres, así un vasto pueblo se reagrupa alrededor de él y forma un gran país porque no rechaza a nadie”. Así es el espíritu del bodhisattva, el espíritu de do ji, el espíritu de zazen.

Cuando nosotros practicamos zazen, juntos en el dojo, abandonamos el espíritu que crea separaciones y ese zazen influencia todo el universo, es lo que se llama do ji jo do, la realización simultánea de la Vía, por todos los seres.

Por supuesto, esto pasa de manera invisible, no podemos asirlo, sencillamente quiere decir que nuestro zazen no está limitado a nosotros mismos. Es como cuando tiramos una piedra al agua, las olas concéntricas que se crean en ese momento se propagan hasta el infinito. Si una sola persona cambia en su cuerpo y en su mente, automáticamente influencia al mundo entero, aunque no sea visible; ningún fenómeno, ningún ser, está separado de los otros.

Si seguimos de esta forma, esta ley cósmica fundamental, do ji, no diferenciarse, no separarse de los otros, armonizarse con esta realidad, ejerce una buena influencia en nuestro entorno y nos sentimos responsables de nuestra propia vida, de los efectos de nuestra vida en los otros. Si vivimos así podemos encontrar un sentido profundo a nuestra existencia, nuestra vida puede encontrar su verdadero valor.

Roland Yuno Rech- Solingen 1996

domingo, 16 de junio de 2013

EL APEGO EN LA PRACTICA DEL ZEN



" Lo imporante no es el objetivo del viaje , sino la felicidad que nos aporta el camino durante el mismo..."

"El guerrero pacífico"

Durante la práctica del zen pueden surgir diferentes clases de apegos que debemos ser capaces de identificar a tiempo, a la vez que llevamos a cabo un profundo trabajo interior para que los mismos no acaben por hacer de nuestra practica, una practica llevada a cabo por nuestro ego, ya que de ser así, la misma estaría carente de valor alguno.
Muchos de estos apegos se muestran de una forma aparentemente natural, pudiendo pasar desapercibidos en el mayor de los casos, entendidos como si de una  evolución natural de nuestra práctica se tratara, siendo totalmente aceptados por nosotros sin prestar una especial atención.

Uno de los primeros apegos muy frecuente en los primeros meses de la práctica suele estar relacionado con nuestra postura. Durante estos primeros días, nos auto juzgamos de manera totalmente injusta y dualista, en función de si nuestra postura es mejor o peor, si nuestras rodillas tocan el suelo o por el contrario aun debemos trabajar más para que lo hagan en el menor tiempo posible, o la preocupación respecto a si somos o no capaces de sentarnos en loto completo lo antes posible. Pero lo que está claro es que el conseguirlo se convierte en muchas ocasiones en un objetivo erróneo, que estará desnudando nuestra práctica, dejándola desprovista de una de las premisas más importantes a la hora de practicar zazen, el sentarnos sin espíritu de provecho ni intención alguna.
Respecto a este aspecto, el maestro Shunryu Suzuki en su libro " Mente Zen, mente de principiante" dice lo siguiente:

"Cuando practicamos zazen con la determinación de la gran mente de Buda, nos percatamos que el peor caballo es el más valuoso. Es en las muchas imperfecciones que tenemos donde reside la base para una forma justa de observar la mente. Aquellos que no tiene ningún problema físico para sentarse, generalmente tardan más en comprender la verdadera Vía del zen, el verdadero sentido del zen, la médula del zen. Los que tienen grandes dificultades en la práctica , le encuentran más sentido. De forma que en ocasiones el mejor caballo puede resultar peor i el peor caballo mejor..."

" Es más fácil que se despierte la verdadera mente de la Vía en aquellos que tienen dificultad para sentarse, que en aquellos que pueden sentarse con facilidad."

SUZUKY,Shunryu, 2011. Ment Zen, men de principiant, Lleida: Pagès editors, p. 42-43.

Otro aspecto que he experimentado a nivel personal, es el de otorgarle un valor excesivo a determinados objetivos mentales relacionados con la práctica, como por ejemplo la ordenación, siendo la misma por lo normal, un deseo expresado por el mismo practicante que surge en el momento en el que el mismo desea tomar un mayor compromiso con la la vía.
Llegado este momento, dicho practicante puede decidir ordenarse, tomando como resultado entre otras muchas cosas una serie de votos y preceptos.
Hasta aquí no existe problema alguno, pero hemos de saber detectar a tiempo, si dicha ordenación se puede acabar por convertir en un objetivo ilusorio reflejo de nuestro ego, ya que si así fuera dejaría de obedecer a su naturaleza intrínseca. 
Esto en mi opinión, sucede cuando enfocamos una acción o proyecto con una finalidad que tiene sus cimientos en el futuro. De esta forma, siempre que intentamos acercarnos a dicho objetivo estamos tomando una dirección lejana al aquí y ahora o momento presente, anteponiendo el objetivo final, al proceso que nos ha de llevar a dicho propósito, que debería ser en realidad lo único importante. Esto evidentemente tiene unas consecuencias muy negativas, que nos generarán sufrimiento e incluso posibles crisis emocionales.
Así que en todo caso, el camino correcto debería de ser tomar la determinación de ordenarse, pero siempre poniendo toda nuestra atención en cada uno de los pequeños pasos que demos durante nuestro camino hacia nuestra ordenación, siendo los mismos tan o más importantes que la misma ordenación, que en realidad sólo representará una culminación de una serie de vivencias y experiencias previas.

Sergi Gámez









miércoles, 10 de abril de 2013

ACEPTACIÓN, EL ÚNICO CAMINO HACIA UNA PRÁCTICA NO DUALISTA



"La forma justa de practicar, es aquella que nos permite encontrar nuestro camino en medio de las limitaciones. La práctica no significa que cualquier cosa que hacemos , incluso sentarnos, sea zazen. 
Practicar quiere decir que las dificultades que tenemos no nos limiten..."

S. Suzuki. Ment zen, ment de principiant, Barcelona: Pagès editors, 2011, p.46

Sin lugar a dudas, las palabras del maestro Suzuki, nos muestran las claves de uno de los aspectos más importantes dentro de la via del zen, la aceptación; puesto que sólo al despojarnos de nuestros deseos, intereses personales y limitaciones, estaremos cerca de lo que el mismo maestro apoda como "practica justa". Una practica, que no persigue ningún fin concreto, que no distingue entre el placer y el dolor, lo que está bien y aquello que está mal..., que nos conduce a ninguna parte y a su vez nos hace sentir en unión con todo lo que nos rodea, y en definitiva, que no espera nada, pues nunca tuvo la intención de conseguir algo...
Practicar zazen desde una óptica distinta a esta, sólo nos conduce a una práctica de nuestro ego, donde nuestra mente original carece de reflejo alguno, siendo todo parte de un mero esbozo contenido en el interior de nuestra mente ordinaria.
Por esta razón, quisiera incidir, en el valor que tiene nuestra aceptación ante todo aquello que queramos llevar a cabo, puesto que aceptarnos con nuestras virtudes y defectos, es lo más parecido a abandonarnos por completo, y con dicho abandono, estaremos más cerca que nunca de dicha práctica justa.
Nuestras limitaciones, son en gran parte un reflejo de nuestra visión dualista de todas las cosas. Así que si queremos abandonar dicha visión, hemos de comenzar por aceptar nuestras limitaciones y observarlas como parte de nuestra práctica. Puesto que aunque quizás pueda parecernos distante, no nos pertenece a nosotros el derecho a juzgar todo aquello que acontece en nuestras vidas, sino dejar que todo fluya de forma incesante, como fluye la naturaleza desde la tierra en dirección al cielo.
Por esta razón, al sentarnos en zazen nos concentramos en nuestra respiración a la vez que ponemos nuestra atención en la postura, abrazando todas las sensaciones que nuestra práctica pueda albergar para nosotros con total naturalidad. Esto quiere decir, que en caso de tener molestias o algún tipo de dolencia producido por la misma postura, lo aceptaremos, rompiendo así esa visión dualista que a menudo nos impide ser felices, pues nos pasamos la vida tomando decisiones, sobre aquellas cosas que nos convienen y aquellas otras que preferimos evitar.
Yo mismo he podido experimentar esta sensación, y en efecto, cuando nos entregamos al completo durante nuestra práctica sin esperar nada de la misma, observamos como nuestro sufrimiento va desapareciendo, dejando a su marcha una sensación de equilibrio en nuestra mente y espíritu. Este estado, no debe entenderse como algo que debemos lograr, sino como un estado que emerge de nosotros por si solo, pues en que nada espera todo recibe...

Sergi Gámez





lunes, 25 de marzo de 2013

ORYOKI

 

 Extraido de: http://muellezen.wordpress.com

En japonés Oryoki se traduce más o menos como “aquello que contiene justo lo necesario”. Son un conjunto de recipientes (3) para comida que los monjes y monjas Zen reciben al ordenarse. En un sentido general Oryoki se refiere al uso ceremonial de cuencos utilizados para comer en silencio en un monasterio Zen.

Aquí hay dos cosas importantes: contener justo lo necesario y el silencio. Cuando contenemos justo lo necesario, no existe bulla en nuestro interior. Nada está de más. No cargamos con nada que se pueda considerar un exceso. Se camina sin peso, sin molestias. De esa condición surge el silencio. Cuando pones muchas cosas en un saco, al moverlo éste hace ruido. Así es la gente común: todo el tiempo hace ruido. No tienen la medida exacta para hacer silencio y mucho menos para permanecer en silencio.
Cuando un monje toma su alimento en su(s) Oryoki, lo servido es suficiente. No espera más. No se queda pensando en repetir. Sólo come. Por ello, los monjes mendigantes no les dicen a las personas cuanto ni que poner en sus cuencos. La práctica consiste en pedir para comer. Ser tan humilde y sin ego como para pedir y conformarse con lo recibido.
En occidente esto de pedir se ve feo. No es una práctica espiritual. Los mendigos piden y luego botan lo que no les gusta. Esto no es “contener justo lo necesario”. Esto es ser grosero,  no conformarse con lo que el universo te ha proporcionado. La rabia surge y el mendigo bota y despotrica sobre lo recibido. Esto es atraso.
Nosotros debemos ser cual un Oryoki: contener la medida necesaria. En todo. Tener la medida necesaria de lo que nos hace falta es no excedernos. Querer más crea muchas olas sobre la superficie de las olas en nuestra mente. Se vive ajetreado. Demasiado movimiento nos distrae, nos descontrola. La medida necesaria sinónimo de vivir sosegado. ¿Para qué cargar con lo que no nos hace falta? En cuanto al alimento, lo que tú dejas de comer, será alimento para otro ser sensible. Por eso las prácticas espirituales sugieren el “ayuno” ocasional: ese día de tu ayuno, otro podrá comer mejor. La medida necesaria demuestra tu compasión para con los demás seres. A partir de hoy, conviértete en un tazón de templo budista: tendrás lo necesario y serás feliz. Buda así lo vio y por eso se instituyo el uso del Oryoki.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Le Dharma os arrastra – vosotros arrastráis al Dharma





Os dejo otro interesante texto del maestro Roland Yuno Rech, publicado recientemente por nuestros amigos de Zen Navarra (http://zennavarra.blogspot.com.es).

Gassho!

Para hacer zazen nos concentramos totalmente en la postura. La espalda vertical, la barbilla recogida; empujamos el cielo con la coronilla y la tierra con las rodillas. Los hombros  bien relajados, el vientre distendido, inspiramos y espiramos profundamente por la nariz , seguimos esta respiración y no los pensamientos. Dejamos pasar todas las construcciones mentales, hasta el punto de que ya no hacemos nada, ni siquiera zazen, es decir hasta el punto en que la práctica se hace forma   inconsciente y natural, sin necesidad de que intervenga nuestra consciencia personal, nuestra voluntad personal.

En tanto que hacemos zazen, hay un ego que hace algo, que interviene. En ese momento la práctica puede aportar un cierto número de beneficios. Por ejemplo, va a mejorar la propia práctica de concentración Pero cuando ya no hacemos nada, cuando ya no es el ego el que hace zazen ; en ese momento, es el mismo zazen el que nos dirige, zazen que es más fuerte que nuestra consciencia personal, en ese momento zazen nos arrastra literalmente más allá de los límites de nuestro ego. Ese zazen tiene el poder de liberarnos de la transmigración, del samsara. Es el zazen de Buda.

De forma natural, cuando escuchamos esta enseñanza, tenemos ganas de practicar el zen de Buda. Decimos que zazen debe ser practicado naturalmente, inconscientemente y automáticamente. Tendemos a rechazar toda intervención de la voluntad, de la consciencia personal ; en realidad los dos aspectos son importantes : la práctica consciente y la práctica inconsciente, la voluntad y el soltar presa. Si solamente practicamos con ayuda de la propia voluntad personal, nos cansamos rápidamente. Pero si privilegiamos exclusivamente el soltar presa, la práctica inconsciente y natural, entonces corremos el riesgo de que nuestros viejos hábitos mentales tomen del mando.

Sobre este tema en el Gakudo-yojin-shu  el Maestro Dogen  era muy claro. Decía: « Cuando empezáis a estudiar la Vía del Buda, tenéis que visitar a un Maestro, escuchar su enseñanza y practicar de acuerdo a esta enseñanza. En ese momento hay algo que debéis comprender: El Dharma os arrastra, vosotros arrastráis al Dharma. Cuando vosotros arrastráis al Dharma sois fuertes y el Dharma es débil. Cuando es el Dharma el que os arrastra
el Dharma  es fuerte y vosotros sois débiles ». Y añadía: « Estos dos aspectos están siempre presentes en el Dharma de Buda ». Dicho de otra forma para la práctica de zazen, como para la práctica de nuestra vida, hay momentos en que ejercer un control consciente sobre lo que practicamos y otros momentos en que es mejor soltar presa. Pero no podemos funcionar siempre del mismo modo.

En la vida social, solamente soltar presa no funciona. Hay muchas ocasiones en que necesitamos reflexionar, tomar decisiones, utilizar la voluntad. Es la función del mental. Como ya lo he dicho, si solamente funcionamos así, hay un aspecto profundo de la vida que se nos escapa completamente, toda la dimensión de la armonía con el Dharma, con el orden cósmico, que se realiza en los momentos de soltar presa, cuando pensamos más allá del pensamiento y del no-pensamiento , cuando es la conscienciahishiryo de zazen la que nos dirige. Cuando repetimos esta experiencia, esta práctica inconsciente y natural en zazen,  se convierte en la fuente de nuestra vida. Siempre podemos volver periódicamente a esto, pero no tenemos que apegarnos a funcionar siempre  así, si no nos creamos una nueva ilusión, una nueva causa de sufrimiento. Una vez que se acaba la sesshin, volvemos a la vida social y nos damos cuenta de que no podemos funcionar siempre así.

Entonces si oponemos las dos formas, en lugar de armonizarlas, sentimos constantemente un conflicto interior. En este momento deseamos encerrarnos en un templo, para suprimir este tipo de conflicto, con la esperanza de poder practicar siempre de forma naturalmente, inconscientemente y automáticamente, siguiendo un gyoji regular, en el que no hay apenas decisiones que tomar, sencillamente seguir la regla. Si hacemos esta elección, apenas podemos ayudar a los otros . La gran mayoría de los seres han vivido siempre en el mundo. La actitud de los monjes zen que son bodhisattvas, es encontrar el equilibrio en su propia vida y enseñar este equilibrio a los otros. Con períodos de retiro como las sesshines, los angos y los períodos de retorno a la vida social.

Incluso durante una sesshin, hay momentos para pensar conscientemente y otros para pensar inconscientemente; en particular todos los responsables deben reflexionar sobre cómo organizar las cosas, tomar decisiones. A la gente que es muy joven en la práctica le cuesta hacer esto. Es decir cuando se ponen a pensar conscientemente para resolver un problema; este pensamiento consciente invade completamente su mente. Y después no llegan a hacer zazen verdaderamente. No paran de pensar en la intendencia, la organización, no llegan a dejar pasar sus preocupaciones. Cuando se avanza en la práctica, llegamos cada vez más rápidamente a pasar de una forma de pensar a otra forma de pensar. Reflexionar, tomar una decisión y rápidamente abandonar; desprenderse de ello y pasar a otra forma de pensar. Y todo esto estando siempre perfectamente aquí y ahora.

Aquí y ahora, ¿qué es importante? Concentrarse únicamente en el punto importante del aquí y ahora sin dejarse contaminar la mente por las rumias mentales. Así podemos guardar una mente libre y fresca, siempre nueva, incluso en medio de los fenómenos de la vida cotidiana. La sesshin nos ha enseñado verdaderamente un arte de vivir que nos permite continuar la práctica,  la Vía en todas las circunstancias de la existencia. Y así hacer realidad el nirvana, es decir la paz de la mente en el samsara, en la agitación de los fenómenos, armonizando los dos,  sin oponerlos.

Maestro Roland Yuno Rech
Sesshin de Godinne – Noviembre 2012